
Se fue el Monito Ortiz: Neuquén despide a un hombre que vivió para el boxeo, la militancia y su gente
RedacciónHay personas cuya vida no cabe en un cargo ni en un título. José Edesio "Monito" Ortiz era de esas. Nació en Andacollo y llegó de chico a la capital neuquina, donde eligió quedarse y construir. Lo hizo de mil maneras: como empleado legislativo, como promotor del boxeo, como dirigente deportivo, como militante peronista de los de toda la vida, como socio activo del Club Independiente, como vecino presente. Su muerte dejó un vacío que se sintió rápido y fuerte en toda la provincia.

Ortiz fue durante décadas la columna vertebral del boxeo neuquino. Desde la presidencia de la Federación Neuquina de Boxeo impulsó veladas en distintos puntos de la provincia, recuperó torneos barriales históricos y formó a generaciones de jóvenes en los valores del ring: el esfuerzo, el respeto y la disciplina. Su vínculo con el deporte se remontaba a la década de 1970, cuando fue uno de los promotores de las primeras veladas masivas en el Alto Valle. La Legislatura provincial reconoció ese legado otorgándole el título de ciudadano ilustre, un honor que él recibió con la misma sencillez con la que había vivido siempre.
Pero el Monito no era solo deporte. Era militancia. El Congreso Provincial del Partido Justicialista lo despidió como un hombre imprescindible para la comunidad, un luchador incansable por la justicia social y un peronista de convicciones firmes que fue compañero en las buenas y en las difíciles. Esa doble identidad, la del dirigente deportivo y la del militante popular, fue lo que hizo tan singular su figura en la vida pública neuquina.
El gobernador Rolando Figueroa también se sumó a las despedidas con palabras que fueron más allá del protocolo. Señaló que el Monito fue un referente del boxeo que dedicó su vida a acompañar deportistas y promover la actividad en toda la región, pero que por encima de todo eso fue un compañero y un amigo. Desde ATE Neuquén lo recordaron como uno de esos militantes comprometidos con las causas colectivas. El Frente Peronista de la ciudad lo definió como un histórico que sostuvo durante toda su vida las banderas del movimiento nacional y popular.
Franco Ramírez, referente del boxeo provincial, sintetizó lo que muchos sienten: el Monito dejó una huella imborrable. El Club Independiente lo despidió como socio, dirigente y gran persona, recordando también su sentido del humor, sus anécdotas y su presencia constante en la vida institucional del club. Sus restos fueron velados en la Sala G de CALF, en República de Italia 3979, donde amigos, compañeros de militancia y vecinos se acercaron a darle el último adiós.
Su familia lo despidió con una frase que lo resume todo: solo se muere quien se olvida. Y al Monito Ortiz, Neuquén no lo va a olvidar.


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