
Tortas fritas y pan casero en plena ruta: una familia de Zapala salió a darle de comer a los camioneros varados por el temporal
RedacciónEl temporal que lleva semanas castigando la cordillera neuquina tiene una cara que pocas veces se cuenta: la de los conductores que esperan durante horas, a veces días, para cruzar por el paso Pino Hachado hacia Chile. Con los pasos restringidos por el hielo y la nieve y más de cien camiones varados en los accesos a Zapala, la espera se vuelve larga, fría y agotadora para quienes viven arriba de un volante.

Fue en ese escenario donde Juan Garrido tomó una decisión que no tenía nada de extraordinario en su simpleza, pero que resultó extraordinaria en su efecto. Había salido a pasear con su nieta de un año y medio, buscando entretenerla y escaparle por un rato al encierro del frío. Cuando llegaron hasta el sector donde estaba el monumento al Soldado, la pequeña empezó a contar los camiones que se extendían en fila. Contaron más de cien. Al volver a casa, Juan le contó a su esposa Laura y a su hija Paola lo que habían visto. Y entonces surgió la pregunta que lo cambió todo: "¿Y qué les parece si amasamos y les llevamos?".
Paola lleva 15 años viviendo del pan y las tortas fritas. Sabe amasar, hornear y organizarse. "Ahí nos arremangamos y empezamos a amasar", recordó. Juan salió a comprar los ingredientes que faltaban y entre los tres pusieron manos a la obra. El resultado: 15 docenas de tortas fritas recién hechas y varios panes caseros que cargaron y llevaron hasta donde estaban los camioneros.
La recepción no fue inmediata. Los conductores, acostumbrados a que se les acerquen vendedores, bajaban poco la ventanilla. Había que romper la barrera de la desconfianza y, en algunos casos, también la del idioma: varios camioneros eran brasileños y la comunicación fue a puro gesto. "Nos quedaron mirando, sorprendidos. De a poco, nos fuimos entendiendo. Hasta nos decían que no les diéramos tantas para permitir que alcance para el resto de sus compañeros", contó Paola. Cuando entendían que las tortas eran gratis, que nadie les quería vender nada, la cara cambiaba.
El jueves, la familia Garrido volvió. Misma cantidad de tortas fritas y panes, más bidones de agua para repartir entre los transportistas. Misma respuesta: agradecimiento genuino de hombres que llevan horas o días lejos de casa, varados en la ruta por un invierno que no da tregua.
Paola fue directa al explicar de dónde viene ese impulso: "Mis padres siempre están haciendo el bien y tratando de ayudar en lo que se pueda". Una familia creyente, trabajadora, que vio una necesidad y no se preguntó si era su responsabilidad atenderla. Simplemente, se arremangó.
En un invierno que acumula alertas, cortes de ruta y camioneros varados, la historia de los Garrido es el otro lado del temporal: el que muestra que cuando una comunidad se cuida, el frío aprieta un poco menos.


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